El calendario andaluz tiene dos fechas que explican quiénes somos hoy como pueblo: el 4 de diciembre y el 28 de febrero. Una nació en la calle, entre banderas blancas y verdes, gritos por la autonomía y el dolor por la muerte de un joven; la otra se decidió en las urnas, con un referéndum que abrió la puerta al Estatuto y al actual autogobierno.

Del clamor en la calle al símbolo oficial

El 4 de diciembre de 1977 Andalucía vivió una jornada histórica. En plena Transición, cuando España empezaba a salir de la dictadura, cientos de miles de personas —las estimaciones superan con facilidad el millón y medio— se echaron a la calle en las ocho capitales andaluzas.

Pedían “libertad, amnistía y estatuto de autonomía” y reclamaban que Andalucía fuera tratada en igualdad con las llamadas nacionalidades históricas. Ese día se convirtió en un gran grito colectivo: Andalucía reclamaba dejar de ser un territorio de segunda y exigía que se reconociera su propia identidad política y cultural.

Las imágenes de aquel día forman ya parte de la memoria colectiva: manifestaciones multitudinarias, la bandera blanca y verde ocupando balcones y avenidas, familias enteras participando y una sensación compartida de dignidad y despertar político. En todas las provincias se vivió una mezcla de fiesta, reivindicación y esperanza.

En Málaga, esa jornada quedaría marcada para siempre por la muerte del joven trabajador Manuel José García Caparrós, alcanzado por un disparo durante la manifestación. Su figura se convirtió en símbolo del precio pagado por aquella lucha democrática y el 4-D quedó asociado también a la memoria de quienes arriesgaron su vida por una Andalucía más justa.

Desde entonces, muchos colectivos andalucistas han reivindicado el 4 de diciembre como “Día Nacional de Andalucía”, al entender que fue el momento en que el pueblo andaluz se reconoció a sí mismo como sujeto político y reclamó su lugar en el mapa de las autonomías. No era solo una cuestión administrativa: se ponía sobre la mesa la pobreza, el paro, la emigración, la desigualdad histórica y el deseo de un futuro mejor.

Del 4-D al 28-F: cuando la calle abrió las urnas

Aquel clamor no se quedó solo en las pancartas. Pocos años después, el 28 de febrero de 1980, los andaluces fueron llamados a votar en un referéndum que marcaría el futuro de la comunidad. La pregunta era clara: si Andalucía quería acceder a la autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución, la misma que se había reservado para las comunidades históricas.

El resultado respaldó claramente la voluntad de autogobierno. Aunque hubo controversia por el caso de Almería —donde inicialmente no se alcanzó el requisito legal de participación y apoyo—, la movilización social y el acuerdo político terminaron desbloqueando la situación y permitieron que Andalucía entrara en la vía de máxima autonomía.

El proceso culminó con la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1981. A partir de entonces, el 28 de febrero se consolidó como el Día de Andalucía, una fecha que celebra el nacimiento del autogobierno y que se ha llenado de actos oficiales, celebraciones escolares y conmemoraciones institucionales por toda la comunidad.

Si el 4-D simboliza la fuerza de la calle, el 28-F representa la victoria en las instituciones. Son dos momentos de un mismo camino: sin la gran movilización de 1977, difícilmente se habría producido el referéndum de 1980 en los términos en que se produjo; y sin el 28-F, la reivindicación histórica del 4-D no se habría traducido en el autogobierno real del que hoy disfruta Andalucía.

Entre ambas fechas se dibuja un relato muy claro: primero la gente tomó las plazas y las avenidas para exigir autonomía; después, ese impulso se transformó en una decisión democrática en las urnas y en un marco jurídico que dio forma a la Andalucía autonómica que conocemos hoy.

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El reconocimiento institucional del 4 de diciembre

Durante décadas, la memoria del 4-D estuvo más presente en el movimiento andalucista, en determinados colectivos sociales y en algunos ayuntamientos que en el relato oficial de la Junta. En las instituciones se puso, sobre todo, el foco en el 28-F, mientras el 4 de diciembre quedaba en un segundo plano, más ligado a la militancia y a la memoria popular.

Esa situación empezó a cambiar recientemente. En 2022, el Gobierno andaluz aprobó la declaración del 4 de diciembre como Día de la Bandera de Andalucía, con la intención de institucionalizar su recuerdo y darle un lugar propio junto al 28 de febrero. De este modo, la bandera blanca y verde recupera su conexión directa con las movilizaciones de 1977.

El reconocimiento oficial anima a centros educativos, entidades y administraciones a desarrollar actividades en torno a la bandera y al significado histórico de la jornada. Se subraya también la idea de que la bandera representa la unidad del pueblo andaluz y su voluntad de acceder a las máximas cotas de autogobierno.

En paralelo, el 28-F mantiene su papel central como Día de Andalucía. Cada año, en esa fecha se entregan las Medallas de Andalucía, se nombran Hijos Predilectos y se celebran los principales actos institucionales en el Parlamento y en el resto de instituciones autonómicas. Es el día en el que la Andalucía oficial se mira al espejo y hace balance de su trayectoria autonómica.

La convivencia oficial de las dos fechas responde a una idea sencilla: sumar sin restar. Se reconoce el 4-D como origen popular y emotivo, ligado a la lucha en la calle, y se preserva el 28-F como hito jurídico e institucional del autogobierno. Dos maneras diferentes de contar una misma historia.

Dos fechas, dos relatos… y un mismo proyecto

El debate político y social en torno a estas efemérides sigue vivo. Diversos sectores del andalucismo entienden el 4 de diciembre como el auténtico día nacional de Andalucía y lo cargan de contenido social: no solo autonomía, sino también igualdad, lucha contra el paro, justicia social y defensa de los servicios públicos.

En estos espacios se reivindica el espíritu del 4-D como una llamada permanente a que la autonomía sirva para mejorar la vida de la gente, especialmente en una tierra que ha sufrido históricamente el desempleo, la precariedad, los bajos salarios y la emigración de muchos jóvenes hacia otras regiones o países.

Por su parte, el discurso institucional de la Junta pone el acento en el 28-F como momento fundacional del autogobierno, integrando el 4-D en una narrativa más amplia. En los últimos años, los actos y las declaraciones oficiales han ido incorporando referencias cada vez más frecuentes a la jornada de 1977, especialmente desde que es Día de la Bandera.

Los distintos partidos políticos también utilizan ambas fechas en clave de relato. El 4-D se asocia a menudo con la memoria de las luchas populares y se reivindica desde posiciones más sociales o críticas con el modelo actual de autonomía; el 28-F se presenta, sobre todo, como la culminación de un pacto común que ha permitido avances en infraestructuras, servicios públicos y reconocimiento institucional de la identidad andaluza.

De este modo, las dos fechas funcionan como espejos en los que cada fuerza política intenta reflejar su visión de lo que debe ser Andalucía: una autonomía más reivindicativa y transformadora, o un proyecto centrado en la estabilidad institucional y la gestión del autogobierno ya conquistado.

Un relato que también se escribe desde el Valle del Guadalhorce

Aunque las grandes imágenes del 4 de diciembre nos llevan a las capitales, la historia de ese día también se vivió en comarcas como el Valle del Guadalhorce. Miles de vecinos y vecinas se desplazaron a Málaga para participar en la manifestación, mientras en los pueblos se seguía la jornada con expectación, radios encendidas y conversaciones en cada esquina.

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En muchas casas de la comarca, aquel día fue la primera vez que se vio una bandera blanca y verde colgada en un balcón o en la fachada de un edificio público. Para una generación entera, el 4-D significó descubrir que Andalucía podía ser algo más que un nombre en el mapa: podía ser un sujeto político con voz propia.

En los pueblos del Valle del Guadalhorce todavía hay quienes recuerdan cómo se organizaban los viajes en coches y autobuses, las colectas para pagar el combustible, las pancartas improvisadas y la ilusión con la que se preparaba la jornada. También recuerdan el miedo, el respeto a la policía y la sensación de estar cruzando una línea que hasta hacía poco tiempo estaba prohibido cruzar.

En las plazas y en los bares se debatía qué significaba realmente la autonomía. Para muchos agricultores, jornaleros, comerciantes o jóvenes estudiantes, la palabra se asociaba a la esperanza de tener más oportunidades, mejores servicios, inversión en los pueblos y la posibilidad de no tener que emigrar para buscarse la vida.

Fechas para recordar, festejar y reivindicar: 4 de diciembre Día de la Bandera de Andalucía y 28F Día de Andalucía

Los archivos municipales, las fotografías antiguas y las crónicas de la época, junto a los testimonios de quienes vivieron aquellos días, ayudan a entender que el 4-D y el 28-F no son solo fechas oficiales, sino capítulos de una historia compartida que se escribió también desde cada pueblo del Valle del Guadalhorce.

Hoy, cada vez que se iza la bandera en un colegio, en un ayuntamiento o en una plaza de la comarca, el gesto dialoga con aquellas jornadas. El 4 de diciembre nos recuerda que la autonomía nació de la calle; el 28 de febrero, que esa voluntad popular consiguió convertirse en autogobierno real.

Entre ambas fechas se dibuja la trayectoria de una Andalucía que, con sus luces y sus sombras, sigue preguntándose qué quiere ser en el futuro. Y esa pregunta también se responde, día a día, desde el Valle del Guadalhorce y desde cada rincón de nuestra tierra.

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Juan Antonio Fernández - Redactor revista Valle del Guadalhorce

Redactor, aprendiz de fotógrafo y apasionado del marketing digital y del SEO. Redactor y editor en Revista Valle del Guadalhorce, donde cuento la vida de los pueblos de la comarca y ayudo a dar visibilidad a negocios y asociaciones locales. También trabajo como diseñador web y consultor en Diseño Web Málaga, acompañando a empresas de la comarca en su camino digital.