La Diputación de Málaga ha dado luz verde a un plan de ocho millones de euros para la rehabilitación y conservación de iglesias y ermitas en pueblos pequeños de la provincia, especialmente en municipios con menos de 20.000 habitantes. El programa, bautizado como Málaga Sacra, se extenderá en dos años, con tres millones de euros en 2026 y cinco millones en 2027.
La institución provincial y el Obispado de Málaga firmarán un convenio y crearán una comisión técnica para analizar el estado de los templos y decidir qué obras se priorizan, aspecto clave para muchos pueblos del Valle del Guadalhorce cuya iglesia es referente histórico y social. La palabra clave “plan de rehabilitación de iglesias en pueblos pequeños de Málaga” gira, en la práctica, en torno a seguridad, patrimonio y turismo.
Qué es Málaga Sacra y cómo repartirá el dinero
El plan Málaga Sacra nace como respuesta a decenas de pueblos que llevan años advirtiendo la necesidad de intervenir en sus templos. Muchas iglesias presentan humedades, filtraciones en cubiertas, fisuras en muros, torres o cornisas afectadas por el tiempo, o instalaciones eléctricas obsoletas.
El objetivo es estabilizar edificios, reforzar la seguridad y evitar que el deterioro se convierta en un problema mayor. En el Valle del Guadalhorce, donde iglesias de Álora, Almogía, Pizarra o Valle de Abdalajís son centros visibles del pueblo, estas actuaciones pueden reforzar tanto la vida parroquial como el arraigo de la comunidad. Sin entrar en nombres concretos aún, cabe recordar que varias de estas parroquias figuran ya en catálogos de protección patrimonial o como bienes de interés cultural.
La Diputación destinará tres millones de euros en 2026 y otros cinco en 2027, en un esquema de dos años que da algo de margen a la comisión técnica. No se trata de una subvención genérica a todos los pueblos, sino de un plan selectivo donde se valorarán: ‒ riesgos estructurales: ‒ estado de cubiertas y tejados; ‒ instalaciones eléctricas y de iluminación; ‒ grado de protección patrimonial del templo. En este sentido, tendrán prioridad las intervenciones que mejoren la seguridad de los vecinos y eviten cierres o limitaciones en el uso de la iglesia para misas, romerías o actividades parroquiales.
Municipios pequeños y el peso del patrimonio religioso
En comarcas como el Valle del Guadalhorce, las iglesias no son solo un símbolo religioso, sino un referente histórico y cultural muy visible. Muchos paseos dominicales, romerías y procesiones giran alrededor del templo parroquial, que a menudo se convierte en el principal edificio monumental del pueblo. Algunos municipios ya han tenido que limitar el uso de altares, sacristías o torres por problemas de estabilidad, lo que repercute también en tradiciones como la subida de la cruz o las fiestas patronales.
El plan de rehabilitación de iglesias en pueblos pequeños de Málaga pretende deshacer esos “cortafuegos” culturales, devolviendo el uso pleno de los espacios a la comunidad. ¿Es raro que un pueblo pequeño tenga más historia en su iglesia que en cualquier otro edificio?
Francisco Salado, presidente de la Diputación, ha subrayado que muchas iglesias de pueblos pequeños son los principales referentes históricos, culturales, sociales y simbólicos de las localidades. Además, constituyen un importante atractivo turístico ligado a tradiciones, fiestas y romerías.
En el contexto de una provincia donde el turismo de interior y la ruta de los pueblos blancos cobran peso, la conservación de iglesias y ermitas se convierte en un factor indirecto de atractivo. El plan incorpora criterios de sostenibilidad, eficiencia energética y respeto al entorno, lo que puede traducirse, por ejemplo, en mejoras de iluminación, ventilación o aislamiento térmico sin alterar el carácter histórico del templo.
Cómo se organizará la comisión técnica y los criterios
Tras el acuerdo del Pleno, se firmará un convenio entre la Diputación de Málaga y el Obispado y se constituirá una comisión técnica con representantes de ambas entidades. Esta comisión tendrá como encargo principal recorrer las iglesias y ermitas de municipios menores de 20.000 habitantes, tomar nota del estado de las estructuras y decidir qué obras son urgentes y qué se puede posponer.
En esa fase, los concejales de Cultura y Urbanismo de los ayuntamientos tendrán un papel de enlace: pueden impulsar técnicamente el inventario, pedir informes y solicitar que su iglesia salga en el listado inicial. No será un “reparto político” de obras, sino una lista técnica basada en riesgos reales y en el nivel de protección patrimonial.
Se dará prioridad a edificios con problemas estructurales graves, como torres con fisuras, muros con desplomes o cubiertas que pierden agua con frecuencia. También se valorarán las instalaciones eléctricas obsoletas o defectuosas, por cuestiones de seguridad y de adaptación a la normativa.
En paralelo, tendrán peso las iglesias declaradas Bien de Interés Cultural o incluidas en catálogos de protección, ya que el patrimonio de alto valor suele ser más sensible a cambios de uso. En el caso de muchos pueblos del Valle del Guadalhorce, donde la iglesia es el edificio más antiguo y visible, este criterio puede ser clave para que entren cuanto antes en el plan.
Efectos inmediatos y cuándo podrían llegar las obras
En el corto plazo, el impacto del plan Málaga Sacra será más de gestión que de martillo y piqueta. Ayuntamientos, parroquias y hermanamientos tendrán que empezar a coordinarse con la Diputación y con el Obispado para aportar informes, mediciones y presupuestos orientativos. En algunos pueblos del Valle del Guadalhorce, donde ya se ha hablado de necesidad de reparar cubiertas o reforzar la torre, esta fase puede suponer agilizar proyectos parroquiales que llevaban años en el cajón.
La comisión técnica podría iniciar visitas ya en el segundo semestre de 2026, con el objetivo de tener un listado de prioridades para el año 2027. Ese será el momento en que realmente se vea qué municipios se benefician de la parte fuerte de los cinco millones de euros.
Para el vecino, el cambio podría notarse en varios frentes: menos goteras durante las lluvias, menos riesgos en la entrada y salida de la iglesia, y más garantías para celebraciones multitudinarias. En el plano más cultural, un templo bien conservado puede reforzar la imagen del pueblo y apoyar iniciativas de turismo religioso o rutas patrimoniales.
Si los plazos se mantienen, el ciclo de dos años del plan dejará un rastro visible en forma de torres estabilizadas, ermitas reacondicionadas y cubiertas nuevas en parroquias rurales. La Diputación y el Obispado recuerdan que, además de la función religiosa, estos templos son lugares de encuentro y de vida comunitaria, algo que se refuerza cuando las estructuras están en buen estado. En el Valle del Guadalhorce, muchos sienten que ya va siendo hora de que esa palabra, “rehabilitación”, pase de los discursos a los presupuestos.

Redactor, aprendiz de fotógrafo y apasionado del marketing digital y del SEO. Redactor y editor en Revista Valle del Guadalhorce, donde cuento la vida de los pueblos de la comarca y ayudo a dar visibilidad a negocios y asociaciones locales. También trabajo como diseñador web y consultor en Diseño Web Málaga, acompañando a empresas de la comarca en su camino digital.
