La creación de la Plataforma por una carretera digna y arroyos seguros ha puesto en el mapa una reivindicación que en Álora, Valle de Abdalajís y parte de Antequera llevaba años en voz baja: la carretera que une estos municipios y varios caminos rurales anexos se ha convertido en símbolo de abandono, peligro y promesas incumplidas.

En los últimos temporales, los vídeos de vehículos sorteando baches, curvas sin arcén y riadas cruzando los cauces de arroyos han corrido de móvil en móvil, alimentando una sensación de hartazgo que ya no se esconde. A partir de ahí, este grupo vecinal ha decidido organizarse públicamente a través de Facebook para exigir, de forma conjunta, seguridad vial y actuaciones en los cauces que eviten nuevas escenas de miedo cada vez que el cielo se rompe sobre la zona.

Una carretera comarcal que se ha convertido en un símbolo de abandono

La vía que conecta Álora con Valle de Abdalajís es mucho más que una carretera secundaria en el interior de Málaga: es el camino diario de trabajadores que se desplazan a los polígonos, a la capital y Costa del Sol, de estudiantes que encadenan dos autobuses para llegar al instituto y de ambulancias que, en caso de urgencia, no siempre encuentran el firme en condiciones.

Cada curva cerrada sin arcén, cada tramo estrecho en el que dos vehículos pesados apenas pueden cruzarse y cada parche que salta a la primera lluvia refuerzan la sensación de que se ha normalizado un riesgo que, según los vecinos, no debería tolerarse.

En su comunicado, la Plataforma insiste en que “no hablamos de comodidad, hablamos de seguridad vial, de familias, de trabajadores, de ambulancias, de estudiantes”. Ese giro de enfoque refleja bien el clima actual: ya no se trata de pedir una carretera “más cómoda”, sino de recordar que el derecho a desplazarse con garantías mínimas forma parte también de la calidad de vida en el mundo rural. El sector agrario mira con preocupación cómo un firme deteriorado encarece transportes, complica las campañas y hace menos competitivas explotaciones que dependen, precisamente, de sacar su producción a tiempo.

Un problema que no se limita a un municipio

La plataforma se define como “Plataforma para exigir arreglos de caminos rurales, carreteras y cauces de arroyos. Álora, Valle de Abdalajís y Antequera”, dejando claro que el conflicto supera las fronteras municipales. En la práctica, muchos vecinos hacen a diario recorridos que encadenan varios términos, y una decisión sobre el mantenimiento de un tramo concreto acaba teniendo impacto comarcal. Dicho de otro modo, lo que hoy parece un problema “local” en realidad afecta a la movilidad, la economía y la seguridad de una parte amplia del interior de la provincia.

En otros puntos de Andalucía y del resto de España ya se han organizado plataformas similares para reclamar carreteras dignas o para denunciar inundaciones recurrentes vinculadas al mal diseño o mantenimiento de infraestructuras. Esas experiencias muestran que, cuando la reivindicación se articula de forma sostenida, las administraciones tienden, al menos, a poner el tema sobre la mesa, a encargar estudios técnicos y a priorizar ciertas obras en los presupuestos de Diputaciones y comunidades autónomas.

Arroyos desbordados en Almogía en la última borrasca
Arroyos desbordados en Almogía en la última borrasca.

Arroyos desbordados y miedo a las riadas en cada temporal

Si la carretera concentra la indignación cotidiana, los arroyos activan el miedo en cada episodio de lluvias intensas. En el perfil de la Plataforma se han empezado a compartir vídeos grabados por vecinos durante los últimos temporales, donde se aprecia el agua cruzando caminos rurales, comiéndose cunetas y acercándose peligrosamente a algunas viviendas y fincas agrícolas. Para muchas familias de la zona, esas imágenes remueven recuerdos de riadas pasadas y alimentan la preocupación por lo que pueda ocurrir si la tendencia de episodios de lluvia torrencial continúa.

En este caso, la crítica vecinal no se centra únicamente en la lluvia, sino en cómo llegan esos episodios a una red de arroyos y desagües sin limpieza suficiente, con vegetación invasiva y con obstáculos que desvían el agua hacia donde no debería. Lo que significa que un fenómeno meteorológico intenso, pero puntual, puede transformarse en un problema estructural cuando se combina con falta de mantenimiento, obras mal integradas o ausencia de soluciones para los puntos más bajos. Las últimas imágenes de aguas marrones cruzando caminos y carreteras han circulado por grupos de WhatsApp y redes sociales con un comentario recurrente: “otra vez igual”.

Seguridad vial y seguridad hídrica, dos caras de la misma moneda

La Plataforma ha decidido unir en un mismo mensaje la exigencia de una “carretera digna” y de “arroyos seguros”, subrayando que ambas cuestiones suelen manifestarse a la vez. Cuando el firme está muy deteriorado y, al mismo tiempo, las cunetas y los cauces cercanos no están preparados para evacuar grandes cantidades de agua, cada tormenta fuerte se convierte en una prueba de resistencia para quienes tienen que circular por allí. Los servicios de emergencia, en esos casos, se ven obligados a doblar turnos, cambiar rutas y asumir riesgos adicionales.

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Fuentes municipales consultadas en otras protestas similares suelen insistir en que no todo depende de un único ayuntamiento, y señalan a la Junta de Andalucía, a las Confederaciones Hidrográficas o a las Diputaciones según la titularidad de cada carretera o cauce. Sin embargo, para los vecinos, ese juego de competencias cruzadas se traduce demasiadas veces en demoras, anuncios que no se concretan y soluciones provisionales que duran lo que dura el siguiente temporal.

Una plataforma vecinal que nace en redes pero mira a las instituciones

La decisión de arrancar la Plataforma por una carretera digna y arroyos seguros desde una página de Facebook responde, en parte, a la forma en que se comunica hoy en los pueblos del interior malagueño. Muchos vecinos se informan ya más por redes y grupos de mensajería que por los canales tradicionales, y la plataforma busca agrupar en un solo espacio vídeos, testimonios, fotografías de puntos peligrosos y convocatorias.

El objetivo declarado es sumar apoyos, recoger casos concretos —desde baches que llevan años sin arreglar hasta fincas aisladas en cada riada— y, a partir de ahí, presentarlos ante las administraciones competentes con datos y evidencias. La experiencia de otras plataformas vecinales en temas de carreteras y riadas indica que los listados detallados de puntos negros, acompañados de fotografías, pueden ser determinantes para que técnicos y responsables políticos prioricen actuaciones. El sector mira con interés cómo evoluciona este nuevo movimiento, consciente de que puede convertirse en un interlocutor incómodo, pero necesario.

Daño de la borrasca Leonardo en Almogía
Daño de la borrasca Leonardo en Almogía.

Posibles próximos pasos: firmas, concentraciones y mesas de trabajo

Aunque la Plataforma está en sus primeras semanas de recorrido público, el propio tono del comunicado deja entrever que la paciencia vecinal está muy cerca del límite. Entre los posibles pasos que suelen plantearse en situaciones similares, figuran las recogidas de firmas, las concentraciones simbólicas en tramos especialmente peligrosos o en enlaces clave, y la solicitud de reuniones formales con ayuntamientos, Diputación y Junta para poner sobre la mesa un calendario concreto de actuaciones.

En la práctica, el reto será convertir los “me gusta” y los vídeos compartidos en presencia física cuando se convoquen actos y, sobre todo, en interlocución estable con las instituciones. Plataformas de otras provincias han logrado, por ejemplo, que se creen mesas de trabajo con participación vecinal para revisar proyectos de mejora de carreteras o planes de limpieza de cauces. La diferencia, en muchos casos, la marca el grado de coordinación entre pueblos afectados y la capacidad de mantener la reivindicación en el tiempo, más allá del impacto emocional de las últimas lluvias.

Qué reclaman los vecinos: de las obras urgentes al cambio de modelo

Detrás de los mensajes llamando a “hacer ruido” hay un listado de demandas que, aunque todavía se está concretando públicamente, suele repetirse en este tipo de movilizaciones rurales. Por un lado, los vecinos insisten en actuaciones inmediatas en los puntos más peligrosos de la carretera: curvas sin visibilidad, cambios de rasante sin señalizar, baches profundos que obligan a invadir el carril contrario y ausencia de arcenes en tramos con tráfico pesado. Por otro, reclaman un plan estable de conservación, que no dependa solo de parches puntuales cuando se acerca una campaña electoral o tras una protesta muy visible.

En cuanto a los arroyos y cauces, las peticiones acostumbran a ir más allá de una simple limpieza puntual. Se piden estudios técnicos para identificar dónde se forman los principales embudos en cada episodio de lluvia intensa, obras de mejora del drenaje y la revisión de pasos estrechos bajo carreteras y caminos rurales. Los agricultores recuerdan que, cuando el agua no tiene salida, termina entrando por donde puede: parcelas, caminos y viviendas que no están preparados para funcionar como cauces improvisados.

Administraciones interpeladas y margen de respuesta

La propia forma en que se presenta la Plataforma —citando Álora, Valle de Abdalajís y Antequera— apunta directamente a varias administraciones: ayuntamientos, Diputación de Málaga y Junta de Andalucía. Cada una tiene competencias distintas sobre carreteras, caminos agrícolas y cauces, pero la ciudadanía percibe el problema como un todo. Cabe destacar que, en los últimos años, se han producido anuncios y proyectos de mejora de distintas vías de la comarca, aunque no siempre han llegado al tramo o al camino que más preocupa a los vecinos.

¿Qué margen real hay para responder a estas demandas en un contexto de presupuestos limitados y múltiples reivindicaciones en toda la provincia? La experiencia indica que las actuaciones más ambiciosas —como ensanchar una carretera entera o cambiar la titularidad de un camino para que pase a ser vía comarcal— requieren tiempo y planificación. Sin embargo, los vecinos suelen insistir en que, mientras tanto, hay medidas de bajo coste que pueden reducir el riesgo: refuerzo de señalización, reparación de socavones, limpieza preventiva de cunetas y arroyos antes de los temporales más fuertes.

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Foto de mejora de carretera en Valle de Abdalajís
Foto de mejora de carretera en Valle de Abdalajís año 2024.

Consejos prácticos para quienes usan a diario esta carretera y los caminos rurales

Mientras llegan o no las obras que se reclaman, los usuarios habituales de la carretera entre Álora y Valle de Abdalajís, así como de los caminos rurales de la zona, han ido desarrollando sus propios protocolos informales. Muchos ajustan horarios para evitar circular de noche, cuando los baches son más difíciles de ver, o en los momentos de mayor tráfico de vehículos pesados. Otros vecinos se organizan por grupos de mensajería para avisar en tiempo real de cortes puntuales, zonas encharcadas o desprendimientos tras una tormenta.

Desde el ámbito de la protección civil suele insistirse en la importancia de evitar cruzar cauces cuando el agua corre con fuerza, aunque el camino o la carretera parezca tener solo unos centímetros de lámina. En arroyos que ya han dado problemas, conviene extremar la precaución, respetar los cortes de tráfico temporales y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia. A nivel individual, revisar el estado de los neumáticos, mantener una velocidad moderada y planificar rutas alternativas en días de alerta por lluvias puede marcar la diferencia.

Información y recursos para seguir el tema

Para quienes quieran seguir de cerca la evolución de esta reivindicación, la propia página de la Plataforma se ha convertido en el principal punto de encuentro digital. Allí se comparten comunicados, vídeos de las últimas lluvias y convocatorias. Además, resulta útil mantenerse al tanto de los avisos oficiales de AEMET, de los bandos municipales en páginas y redes de los ayuntamientos implicados y de los comunicados de la Diputación de Málaga o la Junta de Andalucía cuando anuncien obras o planes de mejora en carreteras y cauces.

En medios locales y comarcales, este tipo de movimientos suele tener seguimiento continuado, con piezas de contexto que ayudan a entender cómo se relacionan las reivindicaciones de cada pueblo con las grandes inversiones en infraestructuras que se debaten a nivel provincial. Para el lector que vive en la zona, contar con información contrastada y actualizada es clave para valorar qué se está prometiendo, qué se está ejecutando realmente y cuáles son los plazos razonables de cada actuación.

Del hartazgo a la organización vecinal

La Plataforma por una carretera digna y arroyos seguros nace en un contexto en el que el cansancio por el estado de la carretera entre Álora y Valle de Abdalajís, y por los efectos de las riadas en caminos y fincas, ya no se puede esconder en conversaciones de bar. La novedad es que ese malestar ha empezado a organizarse, a documentar con vídeos y fotos los puntos críticos y a apelar abiertamente a las administraciones para que pasen de las palabras a los hechos. Si vives, trabajas o transitas por esta zona, informarte, compartir los contenidos y participar en las próximas convocatorias puede ayudar a que la reclamación gane fuerza y, con el tiempo, se traduzca en obras concretas. Al fin y al cabo, como recuerdan los propios vecinos, no piden un favor: reclaman el derecho a moverse con seguridad por su propio territorio.

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Juan Antonio Fernández - Redactor revista Valle del Guadalhorce

Juan Antonio Fernández es redactor, aprendiz de fotógrafo y apasionado del marketing digital y del SEO. Redactor y editor en Revista Valle del Guadalhorce, donde cuento la vida de los pueblos de la comarca y ayudo a dar visibilidad a negocios y asociaciones locales. También trabajo como diseñador web y consultor en Diseño Web Coín, acompañando a empresas de la comarca en su camino digital.