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Caminar tiene algo especial. Poner un pie delante del otro es una tarea sencilla que nos transporta de un lugar a otro a un ritmo lo suficientemente lento como para reparar en los detalles de nuestro entorno, en aquellos estímulos que si nos desplazamos en cualquier tipo de vehículos nos pasarían desapercibido.

Mientras caminas hacia el Cerro Alaminos, si ha llovido,  puedes observar los níscalos bajo los pinos, o detenerte a contemplar la inmensidad del Valle desde su mirador.

Caminar recarga las pilas. Seguir un sendero, pista o carril. Alcanzar una cima o vadear un arroyo. Adentrarse en la naturaleza, huir de la urbe. Eso cura heridas. Los japoneses llaman a esta practica Shinrin Yoku. Nosotros lo hemos traducido como “baños de bosques”.

Consiste en emboscarse sin prisas, parándose a contemplar los detalles: oler la tierra húmeda, fijarse en el movimiento de las hojas de los árboles mecidas por el viento, oír el cantar de las aves. Frotarse con una esponja de hojarasca para limpiarse por fuera y por dentro.

Un buen lugar para darse este baño son los alrededores de la Fuente del Acebuche, en Alhaurín el Grande. Y si tienes un poco de suerte, puedes tropezarse con alguna salamandra, hermoso anfibio negro de motas amarillas.

Caminar es salud, es cuidarse. Tiene múltiples beneficios: estimula la circulación sanguínea, fortalece los músculos, mejora la capacidad pulmonar, quema grasas o reduce el estrés.

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Caminar por el Valle del Guadalhorce con Malaka Trekking
Caminar por el Valle del Guadalhorce con Malaka Trekking.

Beneficios de caminar por el valle

Caminar favorece la creatividad. Se sabe que grandes autores como el naturalista Henry David Thoureau o el poeta Walt Whitman se inspiraba dando largos paseos. Obras tan bellas como “Walden” u “Hojas de Hierba”, tal vez no hubiesen visto la luz si sus autores no hubiesen caminado.

Caminar nos une a la naturaleza, a la madre tierra. Nos hace más consciente de conservar este planeta sobre el que caminamos, sobre el que sentimos su movimiento bajo nuestros pies. Una experiencia casi mística. O religiosa para los creyentes, que podrían realizarla subiendo al Santo de Pizarra, nuestro particular Cristo del Corcovado, al que nada tiene que envidiarle por mucho que aquella figura sea una de las 7 Maravillas del Mundo Moderno.

Caminar está en nuestro ADN. Tenemos, por necesidad, esa esencia nómada desde el principio de nuestros tiempos, cuando los primeros homínidos, fueron expandiéndose desde el continente africano al resto del planeta.

Si has leído hasta aquí entendemos que te has cargado de razones para salir a caminar. Así que no te entretendremos más. En el Valle del Guadalhorce, además de los parajes ya descritos, tienes muchos más lugares por donde andar. Caminos por los que perderse y dejarse sorprender. Puedes subir al Monte Jabalcuza, catalogado como Monumento Natural de la Provincia de Málaga.  O rodear la sierra de los Espartales en Cártama, cuya Ermita y ruinas del Castillo pueden ser el punto de inicio de la caminata.

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Y si aun necesitas alguna razón mas para salir a caminar, te daremos la más sencilla. ¿Por qué caminar?

Porque nunca algo tan sencillo, nos hace sentir tan vivos.

Caminar por el Valle de Salvador Rodríguez Lorente (Presidente de la Asociación Senderista Malaka Trekking)

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